lunes, 6 de julio de 2009

AIRES DE VENTISCA

-Os saludo. Aquí estoy hoy para a avisaros a vos, cruel señora de ninguna parte,
que se acabó el estar sediento del anhelo que me acarreáis.

-¿Encontrasteis ya la respuesta a vuestro dolor, mi señor sin nombre y sin pasado?

-Nunca. Mi dolor sois vos y vos desaparecéis cual viento de otoño entre los matorrales.

-¿Y ese viento no es el mismo que mece vuestro cabello y aviva vuestra
faceta en estos momentos?

-Sí, por eso aquí me encuentro. Para hallarme con vos de una manera plena.
Convirtiéndome en polvo…convirtiéndome en aire.

-¿Qué decís perturbado?

Preguntó la mujer, mas no hubo respuesta por parte del interpelado.
Un cuchillo yacía en su pecho. Su rostro no reflejó la agonía de la muerte,
pues su lecho lo meció el viento y su nicho dibujó una sonrisa.

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