
La hueste disparaba hacia fuera.
La defensa era dura y férrea,
de espíritu inquebrantable
pero franqueable su consistencia.
No arraigarían demasiado, la mitad asfixiados,
en el arduo fulgor de la tierra,
debido al poder devastador,
caían al olvido detrás de corta espera.
Las saeteras y troneras,
se colapsaban de disparos al exterior
la mesnada se agolpaba desde el matacán
hasta el merlón
las almenas acogían las señales de las catapultas
pero los arqueros resistían
aun viendo ceder el modillón
los alientos bélicos se disipaban
al llegar la ventolera de la mortandad.
Lunas de aroma a gloria
permanecían remotas a aquel lugar
Un espejo mostró en vivo su inferioridad
“Dios bendito al cual predico
hoy me has de escuchar…”
Encomiendase el proscrito,
perdido lejos de su vanidad
El guerrero perforado,ansía
de beber y muere en el hambre,
se disipa su necesidad de comer
y aliviose su sed con su sangre…
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