
Dama blanca,
que caminas cabizbaja,
entre los celajes y embalajes
de las bardas nubes.
Atada a la luna
y al perfume de mi cama.
Las tierras son amplias,
los caminos largos,
los molinos ajetrean mi encargo,
soy ahora un peregrino vendido al diablo.
Mujer, como yo solo sé
desabróchate el corsé
y camina bajo el sol desnuda,
a merced del tiempo
que nos hace envejecer,
a merced del viento,
que no te ha de mover,
dejando a un lado
los mendrugos de tormento
que no nos han de vencer.
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