
El niño abrió el libro, mas no entendió ninguna de las palabras que ante él se escribían,
eran ininteligibles para sus enturbiados ojos, para su enturbiada mente ya bastante
atormentada. Los recuerdos no mermaban desde el día desastroso en que le fue amputado
algo vital, no era algo físico, por ello el dolor se marcó, por siempre, en los rincones
de su vida. Volvió se con el tiempo persona huraña aun siendo un crío y pocos fueron los que
se acercaron para prestarle amistad, para compartir sus pesares...cercaron sus miedos y sus
demonios con falsas risas y evitaron a toda costa someterse a aquel control,
un control anímico, con furtivas miradas.
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