lunes, 6 de julio de 2009

LA ÚLTIMA CENA

Comiendo, cocido, mi corazón con chorizo,
siempre quedará la duda de si fue el caldo
o fue la sangre la que tiño el plato. Manda a un heraldo,
que me olvidé la breva en el cajón del panizo.

¿Y que es una comida sin el cigarro de después?
si no es más que un revolcón de intestinos,
donde sólo ellos de mi amor fueron testigos,
hoy dejé a mi refino con mi espíritu cortés.

De entremés, filete de ternura con dos huevos,
servidos en un ataúd adornado con mil clavos,
untados con mi alma, humeante de jugosos sebos.

¡Ay, me puse bueno hasta con la perdiz del cuento!
Lástima que en el abismo dejé atrás,
todo y cuanto llegué a probar de mi cuerpo muerto.

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