Extrañadas me miran, hoy, las hienas, porque no caigo al suelo.
Los dientes, rugiendo, chasquean mellando los poros del papel,
y ¿que culpa tengo, si vivo con el viento, entre las crestas de tu pelo?
¿Y que, si tengo cien mil cometas que son brillos de consuelo
y más de mil estrellas que deja, como lumbres, el corcel,
que rompe en carrera por mi mente, bravonel,
cediendo al alma y a la razón batirse en duelo?
“Soy un cabrón” Contesto “por no permitir bocado a mi piel”
y observo en lejanía, hoy, a las hienas, porque no caigo al suelo
y en los poros mellados que dejan, tras su mordisco, unto el pincel,
y ¿que más me da pintar desnuda a la felicidad que al recelo?
Si tengo por habilidad hacer ascuas de hielo
y más de mil brillos que despeño como lumbres, como miel,
endulzan la oscuridad de mi mente, carrusel,
tiovivo, eje de mi ánima frente al cerebelo.
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