lunes, 6 de julio de 2009

CARCELERO
























Me pierde mi temperamento,
el tiempo que paso muerto,
el letargo,
ese lagarto de piel verde
que me miente.
Mi tormento,
el amargo requesón de la pasión
el dulce hierro, férreo enemigo de la razón.
El talento que nutre, sereno, el dolor,
El color de la hojarasca, ese chasco
que entre charcos amedrentados
inundaron mi tasca.

Y de lado a lado,
busqué el tabaco
con el que atiborrar mis pulmones,
con el que realzar cien coces a voces,
huyendo del tic-tac de los relojes,
del toc-toc de tus tacones,
del guiño de la luna,
tras el ñic-ñic de los roces
en los trojes
quebrando las aceitunas.
Espero que exista alguna bruma bruna,
donde dar a conocer a mis cojones,
la dulzura de una cuna
que se tachone, se entablille,
para inolvidables acciones

Y es tu portilla
la que incita a ser abierta.
Y es tu camisón,
y fue ese beso en la mejilla,
el peso que abatió a este ladrón
que cayó por la cornisa
y hoy no se hace en pie.
Admira la brisa desde el colchón,
con colchas de charol,
y un gato con el que charló
que le dijo que era carcelero de un escriba
compañero de su anegado corazón.

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