
Del habla, agora, mi mano se espanta,
guerreando con mi voz, talento apesadumbrado,
pensando si acabar con talento y cuello ahorcado,
decidiendo que ya era suficiente el nudo de mi garganta.
No hube visto jamás mi cólera tan comedianta,
ni a mi principio siendo tan vulgar muñeco.
No hube visto jamás tan replicón a mi eco,
ni a mi final, muerte, tan vulgar acompañanta.
Mi llorar fueron sangres y mi mal una viruta,
mi sufrir fue una virtud y como virtud
la más hija de puta.
Mi caminar fue una hora de burdel por sustituta,
mi soledad fue una mentira y como mentira
la más astuta.
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