Salí una mañana buscando en tus luceras
mil de mis perdidas primaveras inocentes,
salí envuelto entre gentes
que tenían por trincheras,
madrigueras, donde esperaba verte.
Te encontré, satisfecho,
ahí donde brota mi corazón
y termina mi pecho,
donde la pasión y la rebeldía
se hicieron bajo mantas sin techo.
Al acecho mil trechos por caminar,
donde nuestros pies y nuestras manos se entrelazan,
donde las lagrimas por llorar no se amargan,
que ya conocen,
aquello que entre roces,
surgió para amar.
Y fue mi alma y mi calma.
Y fue mi cama la que tubo que aguantar,
los pesos de los besos y los versos
que dieron mucho de que hablar.
Que cientos de cuentos
cuentan cuando canto por ti.
Que no pienso sufrir.
Que mi regalo fuiste tú
y mi sentimiento fue aquel lazo,
que enjutó tus abrazos
donde me hice una casita para vivir.
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