De aspecto sensual es el diablo que se cierne ante mi, situado en su trono.
De elegante porte es el demonio que nos arroja al abismo del cual procedemos.
Alejóme de vida y ahora vuelve reinando sobre su malvado Imperio.
Portando de mentiras su lanza y de malversaciones su mente.
Dióme muerte y regresa para regodearse entre las vísceras.
De sedoso cabello es la dama que aconteció mi abandono.
De recio instinto es la bípeda que despoja de atisbo a los blasfemos.
Tomóme en su lecho como certero afán a su adulterio.
Asiendo traicioneras estacas y hedor de disfraz pestilente.
Agarróme, al indecente esclavo de las más sinuosas abaceras.
De remilgos y respingos creó a este pasto de su abono.
De necia suerte creé mi Imperio al otro extremo.
Ahogóme en el sol que nace ajeno a la bruma de su cautiverio.
Transformando mis delirios en escritos, avivando faz inerte.
Transformóme en enmiendo del poeta de rosas tabaqueras.
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