
Navegué por camisas de once varas.
Me ahogué en caminos empedrados
de olivares.
Cené pulgas en platos de oro y plata,
que eran como soles que alumbraban.
Me contaron las hurracas
que habitan en tu ramaje:
“Que lloras sangre y no das fruto…”
Mientras yo de luto visto mi lenguaje.
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