lunes, 6 de julio de 2009

TANTOS FEBREROS TONTOS


Me miraron tus ojos de cemento y me rozaron las manos de hormigón que confeccionaron mi colgante de desganas, siendo la tartaja del mercadillo en la prisión de los fracasos que huele a azahar, donde violé al azar en el ruedo por los frutos del almendro. Donde paseé por tu vientre fumándome la desilusión, con la cara del perro apaleado que gateaba, trenzando el suelo, con el vals de los borrachos, cruzándome con las piedras y los penachos de las hurracas que repiquetean a los pastores que están en vela ya que el rebaño no hace caso, que cuentan que se cuela mi voz por los fardos y levanta las pasiones destartaladas en las dulceras. Y es por eso que tras tantos Febreros tontos, pasé por los paseos más patéticos, jugando con los muñecos de papel de fumar más presumidos, que se prendieron en la noche más oscura jamás descrita por este trovador, que no conoce más que el clamor de un carro que circula por tus tacones, siendo mi leal sonido, la tonadilla en guisa de apego bendita por lo soles.

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