Más se volvieron, las hadas, mezquinas,
por no ser los besos ya besos.
Dejaste olvidadas tus bailarinas,
y reclusos, en las cintas, mis versos.
Allá tus bailarinas,
allá tus zapatos,
allá en un rincón mi alma, mi vida,
allá en el abazón los buenos ratos.
Olvidada la luna infantina,
revestida de cobres y estaños.
Y buscándote, mi esencia, en la calina;
buscando mi sueño en garabatos.
En plena amargor asesina,
mi pleno corazón
buscando la salida.
Queriéndote en pesares,
ahogándome en mis mares,
con una única medicina:
contar mis relatos,
observando tus bailarinas,
guardando tus zapatos.
Y, tu calzado, encontré en mi vitrina,
relegado ante el efímero amanecer,
y yo feliz, viviendo en mi mentira,
pensando que quizás tengas que volver.
Viendo que los sueños no son sueños,
son tan sólo pugilatos.
-¡¿Pero a mi que más me da?!-
Que los tactos no sean tactos,
sean tan sólo esos buratos
si ya no me importa na’…
Sabiendo que tu cuerpo, no es tu cuerpo
y yo sigo siendo esa mierda,
ese falso y retrato
que sin ti no supo amar.
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