La moneda, a potra, se desahoga frente a la alhaja
que escribo y tacho, a cara o cruz, por suerte,
dejando mi mente cabizbaja, si no se cosca,
apartando moscas con mi pluma como cernaja.
Intenté tentar a la muerte con un elogio,
y del as en la manga, me comí toda la baraja,
creyendo, tonto de mí, sacar ventaja al demonio.
Y me consumí en un mar blanco llamado folio,
y anduve por callejuelas con mi amigo Odio,
quebrando tinajas, sin ser una migaja,
fumando cerraja para colorear mi oleo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario